(Sobre)expuestos online: la violencia digital empieza pronto, se normaliza con facilidad y todavía se denuncia poco
El estudio combina una encuesta estatal a 1.000 personas, entrevistas a expertas y grupos de discusión juveniles. Sus resultados muestran una realidad marcada por la hiperconexión, el consumo pasivo de contenidos y una percepción limitada de su impacto sobre la salud mental, la privacidad y la seguridad.
Algunos datos:
- 9 de cada 10 usan redes sociales todos los días.
- El 19% las utiliza 10 horas o más entre semana y el 27% durante el fin de semana.
- El 80% usa IA de lunes a viernes, principalmente para resolver dudas académicas y hacer trabajos de clase.
- Un 12% pide consejo a la IA sobre su vida y sus relaciones y un 8% recurre a ella para sentirse menos solo.
- 4 de cada 10 no tienen ninguna norma de uso de dispositivos.
- Solo el 25% cree que puede “entrenar” el algoritmo que decide gran parte de lo que ve.
La exposición a contenidos perjudiciales también es significativa: 4 de cada 10 afirman ver contenido violento, un 35% contenido sexual o pornográfico y un 26% anuncios de páginas pornográficas.
La violencia digital aparece muy pronto. El 17% reconoce haber vivido alguna experiencia y 7 de cada 10 la sufrieron por primera vez entre los 13 y los 17 años. Ellos reciben más insultos en redes; ellas, más proposiciones y comentarios sexuales.
Uno de los datos más preocupantes: el 77% de quienes recibieron contenido sexual no deseado lo mantuvo en secreto por vergüenza. Tras una experiencia de violencia digital, solo el 14% la reportó a la plataforma.
El informe también detecta una fuerte normalización de determinadas conductas. Más de la mitad considera responsable a quien sube contenido íntimo, mientras que solo una quinta parte sitúa la responsabilidad en quien lo difunde sin consentimiento.
Las personas jóvenes reclaman identificar a los agresores, legislación para sancionar estas conductas, más formación en ciberseguridad y mayor conocimiento sobre qué comportamientos digitales constituyen delito.
Desde los podemos reforzar la privacidad, el pensamiento crítico, la comprensión de los algoritmos, el abordaje de las violencias y el conocimiento de los canales de ayuda y denuncia.
Construir entornos digitales seguros exige educación, acompañamiento, responsabilidad institucional y plataformas diseñadas desde los derechos de la infancia y la juventud.
FUENTE: Plan Internacional España











